Mi madre es un ángel celestial que visita a Dios a menudo y vuelve a mí sólo para estar conmigo; mi infante hermana, es una paloma mensajera de Dios, siempre con buenas noticias. Mi padre, a quien no conozco, porque el inoportuno falleció antes que yo naciera; me ha legado un par de genes intelectuales que excusan su muerte prematura.
Mis primos me hicieron a su imagen y mis primas a su semejanza. Me crié con ellos y crecimos juntos. No los mencionaré por nombre, sería faltar con ellos, pero Chemo y Vladdi, que son hermanos, se han constituido en sabios mentores y centinelas inspiradores, que en momentos de incomprendida diversión me educaron y formaron quizá sin darse cuenta. Resultan inmortales aquellas partidas de ajedrez que guerreábamos hostilmente en viejos tableros desteñidos, con piezas lesionadas y contusas por las épicas batallas que sufríamos. ¡Qué tiempos!
La alegría de mis tías y la locura de mis tíos han equilibrado mis maneras. Mis abuelos, cuales patriarcas, siempre abanderando mi pasado cada uno fiel a su estilo (una cristiana, el otro ateo) permanecen en mis pensamientos como nostálgicas memorias punzantes.
Nunca hubo en todo el Perú una mujer que me sedujera tan tentadoramente como Mirla. Dios nos insinuó a ambos en una página de internet en horas previas al día de reposo. Yo en Perú, ella en República Dominicana. Teatrando en idilio perfecto la creación de Adán y Eva el día sexto. Nunca lograré agradecer a Dios lo suficiente por ella. Hasta las lágrimas más sentidas no expresarán cumplidamente mi felicidad porque no pueden. Los suspiros no son capaces de contener tanto amor. Las rosas y flores no querrán saber de ella, les mortifica la envidia cuando la miran y ceden sus pétalos vencidas.
La hermosura y la preciosidad le pertenecen. La belleza sólo llega a ser cuando ella lo permite según sus caprichos, y se somete servilmente a su despiadada dictadura, aquella a la que me tiene adormecido. Es mi dueña en ese sentido y en todos los sentidos.
El tiempo que Jacob luchó por Raquel no abarca ni una minucia lo que mi esposa significa para mí porque ella lo es todo mientras vivo, y también mientras muero pues su blando veneno va matando cuando piensas que estás venciendo. Haga lo que haga tengo el asalto perdido desde el mismo comienzo porque ese es mi dulce destino.
Ensimismado en mi mundo pequeño, la deseo cada día más que a la vida misma, porque ya no hay más vida para mí sin ella. He tocado con la derecha las alturas del cielo y con la mano izquierda el fondo del abismo al mismo tiempo pecando, y no siento culpa alguna porque ella lo transforma todo. Moriría junto a ella como Romeo de ser necesario, para descansar en su tibia presencia; o salvaría el Titanic por abrazarla otra vez aunque sólo fuera por un segundo.
Tengo profesores geniales en la universidad. Los valoro mucho y creo que ellos a mí. En realidad son iguales con todos sus estudiantes, pero déjenme soñar que soy yo el que está escribiendo. Trabajo con un pastor los fines de semana que es todo un maestro de la vida y lo quiero como a mí mismo. Si él formara otra confesión religiosa, seguro que me uniría a ella sin preguntarlo y sería su fiel misionero. Se ha ganado mi respeto, es un guerrero veterano y sus deseos son órdenes.
Ustedes mis fieles lectores, siempre que me leen me consienten un valor tan elevado que no tengo ni tendré. Me privilegian con sus visitas a este blog que en ocasiones sale de sus casillas para tratar temas triviales y sin sentido, a pesar de ello… siguen aquí.
Supongo que por la forma en que escribo ya estoy despidiéndome de este mundo y mi partida está cercana. Sólo una cosa me detiene. Desearía que otras personas vivan lo feliz que he vivido. Pienso que mi esposa me ayudará en eso, quizá un par de vástagos ilusos harían plena mi partida y por eso viviré medio siglo más, escribiendo, irritando, cometiendo torpezas, siendo un cínico como soy y burlándome de mí mismo cada vez que no pueda.
Son en estos momentos cuando mi vida tiene un propósito. El propósito de devolverles a todos el favor de ser como fueron conmigo. ¿Cuánto tienes tú que agradecer a Dios? ¿Por qué no reflexionar en lo que has vivido y a pesar de todo ser feliz con ello?
Finalmente, y como al principio, Dios le ha dado sentido a mi vida. Es la persona más paciente y caballerosa que he conocido, y ni si quiera lo he visto cara a cara. Dedicarle a él estas líneas resulta el más hondo y magnánimo de los privilegios que nada reemplazará.
No puedo pensar de otra manera, donde quiera que miro allí está él. Cuidándome, amándome, esperándome. Llorando conmigo cuando lloro. Sufriendo, cuando sufro. Riéndose de mí cuando yo me río de él porque somos camaradas. Quiero saber quién es, cómo es, desde el fondo de mi corazón lo anhelo. Mi consuelo es que algún día lo abrazaré y lloraré lo que lloro esta noche agradecido. Será la gloria de las glorias y el laurel de los laureles que al Nobel hará rabiar porque es incomparable.
Todo es perfecto esta noche y memorable, los grillos me custodian con su acompasado violín y el abanico gira desde siempre. El silencio no perturba, no ahora, sólo acompaña muy sentido mientras vivo… hoy me encontré viviendo. Me siento amado por Dios. A pesar de todos mis desatinos, creo que Dios me estima de forma especial, no por lo útil que pueda ser, sino porque así él lo quiso.


