Jezabel y el maquillaje - Richard Vargas Justiniano

La Biblia condena la pompa externa y la lujuria. Es lamentable ver esto ahora en nuestra iglesia. Tanto esposas de pastores y ancianos; se maquillan y se pintan el cabello con químicos y lo peor que suben al púlpito.

La Biblia tiene mucho qué decir sobre esto.

El adornarse con joyas brillantes, cosméticos coloridos y ropa lujosa revela el orgullo y la vanidad internos, que resultan ser destructivos para nosotros y para los demás. Esta verdad sale a luz en forma implícita en varios ejemplos negativos y en forma explícita en los consejos de los apóstoles Pedro y Pablo.
Isaías reprobó a las mujeres judías ricas por el orgullo que mostraban al adornarse desde la cabeza hasta los pies con joyas brillantes y vestidos costosos para seducir a los dirigentes, quienes eventualmente llevaron a toda la nación a la desobediencia y al castigo divino (Isaías 3:16-26).

La primera mujer que usí maquillaje para seducir fue Jezabel una prostituta.

En la Biblia, Jezabel se destaca por sus denodados esfuerzos para seducir a los israelitas y llevarlos a la idolatría. La corrupción de su corazón se revela en el esfuerzo que hizo en su hora final para estar lo más seductora posible pintándose los ojos y adornándose para la llegada del nuevo rey, Jehú (2 Reyes 9:30).

Pero el rey no se dejó seducir y Jezabel murió la más ignominiosa de las muertes. Por este motivo su nombre ha llegado a ser en la historia bíblica un símbolo de seducción (Apocalipsis 2:20).

Ezequiel dramatiza la apostasía de Israel y de Judá por medio de la alegoría de dos mujeres, Ahola y Aholiba, quienes, al igual que Jezabel, se pintaban los ojos y se ataviaban con adornos para seducir a los hombres y llevarlos al adulterio (Ezequiel 23).

Encontramos nuevamente en esta alegoría que los cosméticos y los adornos están asociados con la seducción, el adulterio, la apostasía y el castigo divino.

Jeremías también usa una alegoría semejante para representar el abandono político de Israel, quien vanamente trata de atraer a sus antiguos e idólatras aliados (Jeremías 4:30). También en este caso los cosméticos y las joyas fueron usados para seducir a los hombres y hacerlos caer en el adulterio.

Juan el revelador ofrece un retrato profético para describir a la gran ramera “vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas” (Apocalipsis 17:4). Esta mujer impura, que en el tiempo del fin representa al poder religioso y político apóstata, seduce a los habitantes de la tierra para que cometan con ella fornicación espiritual. En un contraste muy claro, la novia de Cristo, quien representa a la iglesia, está vestida de manera recatada y pura, de lino fino, sin adornos exteriores (Apocalipsis 19:7, 8).

Como vemos, salvo en pocas excepciones metafóricas (Isaías 61:10; Jeremías 2:32; Ezequiel 16:9-14).

El Antiguo como el Nuevo Testamento relacionan el uso de cosméticos coloridos, joyas brillantes y ropa llamativa con la apostasía y la rebelión contra Dios. El condena su uso. También los apóstoles Pablo y Pedro reiteran en forma positiva en el Nuevo Testamento lo que se enseña en forma implícita en el Antiguo Testamento por medio de ejemplos negativos.

En efecto, ambos apóstoles contrastan el adorno apropiado de las mujeres cristianas con los adornos inadecuados de las mujeres mundanas. Los dos apóstoles nos ofrecen básicamente la misma lista de adornos inadecuados (1 Timoteo 2:9, 10:1; 1 Pedro 3:3, 4 y reconocen que, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres.

Los adornos exteriores del cuerpo son inconsistentes con los adecuados adornos internos del corazón, el espíritu y las acciones benévolas.

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Richard Vargas Justiniano (21 años) nació en Santa Cruz, Bolivia. Conoció a Cristo muy joven y se bautizó en la iglesia adventista a los 12 años. Aunque se apartó por un tiempo de Cristo, gracias a las oraciones de mamá volvió y desde los 18 años sirve al Señor Jesús con la escritura en la web. Entregó los derechos de publicación de este artículo el 06 de enero de 2015.