EL MISTERIO DE SU DIVINIDAD Lección Escuela Sabática

El misterio de su divinidad

Sábado 5 de abril

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Isaías 9:6; Miqueas 5:2; Mateo 16:13-17; Juan 1:1, 14, 18; 8:58; 17:5; 20:28; 1 Corintios 1:3; 2 Corintios 13:14.

PARA MEMORIZAR:
“En el principio era el V Verbo, y el V Verbo era con Dios, y el V Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3).

DEJANDO EL PANORAMA HISTÓRICO, vamos a las Escrituras mismas. Queremos ver lo que ellas nos dicen acerca de Jesús, cuya vida reclamó mucha atención a lo largo de los siglos. Al hacerlo, debemos recordar el intercambio crucial entre Jesús y sus discípulos en Cesarea de Filipo, al escuchar la confesión que Pedro hizo de él como el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le recordó que esta percepción no surgió de la investigación humana, sino que fue revelada “por mi Padre que está en los cielos” (Mat. 16:17). (Ver Mat. 16:13-17 y también Mat. 11:25-27.) No fue “carne ni sangre” (Mat. 16:17); nuestra sabiduría humana, sin ayuda, es inadecuada en la presencia del supremo misterio de los siglos.

Creer en Jesús como el Mesías y el Hijo de Dios es afirmar, indirectamente, que él no tuvo su origen en el vientre de María. Es afirmar su cualidad de ser diferente del resto de la humanidad, por más que pueda ser semejante a nosotros en otras formas. En síntesis, es creer que él existió, antes de su tiempo sobre la tierra; que, sencillamente, preexistió. Él era “la imagen del Dios invisible”, por quien “fueron creadas todas las cosas” (Col. 1:15, 16). “Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (vers. 17).

Domingo 6 de abril: SU PREEXISTENCIA: LO QUE SIGNIFICA PARA NOSOTROS

¿Por qué deberíamos estar interesados en la preexistencia de Cristo? ¿Qué tiene que ver con la salvación? ¿Qué indicio(s) de la respuesta puedes encontrar en Hebreos 1:1 al 4 y en Colosenses 1:15 al 20?
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Para todos nosotros, nuestra existencia comenzó cuando nacimos (o, como dirán algunos, comenzó cuando fuimos concebidos). Cristo fue diferente. Él no llegó a existir en el vientre de María. Él existía antes de eso, es decir, eternamente. Esto es lo que queremos decir cuando hablamos de su preexistencia. Él estaba allí antes del tiempo.

¿De qué modo los siguientes textos nos dan indicios acerca de la preexistencia de Cristo? Isa. 9:6
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Miq. 5:2 (comparar con Mat. 2:1-6)
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La palabra mosa’ah (“salidas”), en Miqueas 5:2, no es fácil de traducir. Pero la otra parte del versículo claramente se refiere no solo a la preexistencia del Gobernante futuro, sino también a su preexistencia eterna “desde los días de la eternidad”. (Ver 4 CBA, p. 1.048.)

Isaías 9:6 enseña la preexistencia eterna de esta Persona especial que había de venir al mundo. Es una pretensión extraordinaria que esta persona fuera llamada, entre otros títulos, “Dios fuerte, Padre eterno”. Es de tanta más importancia cuando recordamos que la profecía fue dirigida a una audiencia decididamente monoteísta; y el hecho de que Isaías pudiera referirse a este Hijo como “Dios fuerte, Padre eterno” no es nada menos que asombroso, nada menos que una revelación divina enviada por medio de la acostumbrada manera de pensar del profeta mismo. El Hijo ¿es el Padre, el “Padre eterno”? ¡Hablen de tener que vivir por fe!

¿Qué otros aspectos de nuestras creencias, contrariamente a las normas, costumbres y manera de pensar acostumbrados, tenemos que tomar por pura fe y nada más? ¿Hay algo malo en tener que hacer esto?

Lunes 7 de abril: EL TESTIMONIO DEL NUEVO TESTAMENTO

Existen otras evidencias, ahora en el Nuevo Testamento, que revelan la preexistencia de Jesús. Tal vez algunas de las más interesantes vienen de boca de Jesús mismo, cuando hace aclaraciones que implican que él mismo sabía de su preexistencia.

Encontramos indicaciones directas e indirectas de que Jesús era consciente de su propia historia. Un ejemplo posible de una alusión indirecta a su preexistencia es cuando él dijo, en Lucas 19:10, que “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Por ejemplo, si alguien dice: “Yo vine a Londres para trabajar en la Cámara de los Comunes”, la persona implica que antes estaba en otra parte. La persona que ha estado viviendo en Londres todo el tiempo no usaría esa expresión. Una afirmación explícita de Jesús apareció en las palabras de la gran oración de la Semana de la Pasión, cuando le pidió al Padre que lo glorificara “con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5).

¿De qué modo los siguientes pasajes revelan no solo la preexistencia de Cristo sino también su propia percepción de esa preexistencia?
Juan 3:13 ____________________________________________________
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Juan 8:23 ____________________________________________________
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Juan 8:58, 59_________________________________________________
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Juan 17:8, 24 ____________________________________________________________

“Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). La expresión “Yo soy”, en este texto y en otras partes, sugiere la idea de eternidad, de preexistencia eterna. La audiencia de Jesús, al comprender muy bien este punto, tomó piedras para matarlo, porque ellos veían eso como una blasfemia extrema (vers. 59).

“Al hablar de su preexistencia, Cristo lleva la mente hacia atrás, hacia edades sin fecha. Él nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando él no hubiera estado en íntimo compañerismo con el Dios eterno. Él, cuya voz estaban oyendo los judíos, había estado con Dios como uno que surgió con él”.–E. G. de White, en Signs of the Times, 29 de agosto de 1900.

¿De qué modo la cita de Elena de White mencionada arriba, junto con los textos que acabamos de examinar, nos ayudan a entender mejor el increíble sacrificio hecho en nuestro favor en la cruz?

Martes 8 de abril: CONTRADICCIONES AS APARENTES

A pesar de las afirmaciones clarísimas acerca de la divinidad y la igualdad de Jesús con Dios el Padre, todavía encontramos pasajes que exigen una explicación. Un ejemplo aparece en el que, sin duda, es el texto más amado y conocido de toda la Biblia, Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito”. El problema es: ¿Cómo es que el texto puede decir que Jesús fue “generado”, si era eterno? ¿Alguien lo engendró, como al resto de nosotros?

La expresión “unigénito” es una palabra que, en el idioma griego (monogenés), aparece nueve veces en el Nuevo Testamento, y cinco de ellas se aplican a Jesús, y todas ellas están en los escritos de Juan (Juan 1:14, 18; 3:16, 18; 1 Juan 4:9). Es importante saber que las cinco referencias aparecen en los escritos del autor que, desde el mismo comienzo de su Evangelio, procura establecer la divinidad de Jesucristo. De hecho, él comienza precisamente en este punto: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). Hubiera sido increíble que este escritor judío pudiera atribuir el título de la Deidad a alguien que él considerara un ser creado.

En cada uno de los siguientes pasajes, la palabra monogenés se refiere a una persona que no es Jesús. Si no estás familiarizado con el griego, adivina por la traducción cuál es la palabra así traducida. ¿Qué crees que significa?
Lucas 7:11-15 ________________________________________________
Lucas 8:41, 42 _______________________________________________
Lucas 9:38 ___________________________________________________

El joven de Naín que había muerto es descrito como “hijo único” (“el hijo único de su madre”). Aquí no hay ningún énfasis en el hecho de generar. Más bien, está en el hecho de su singularidad. Lo mismo es cierto con respecto a la hija de Jairo: ella era su “hija única”, su monogenés, la única de su clase, su única hija; en este sentido, ella era singular. Ese es también el punto en Lucas 9:38.

El peso de la opinión erudita favorece el concepto de que monogenés, lingüísticamente, no enfatiza la generación, sino más bien la singularidad, sobre la idea de ser único, único en su clase. ¿De qué modo esta idea, también, nos ayuda a entender mejor el gran sacrificio hecho por nosotros en la cruz?

Miércoles 9 de abril: LA DIVINIDAD DE CRISTO

Los escritores del Nuevo Testamento aclaran muy bien que Jesús merece el título divino de Dios. Este hecho cobra un significado adicional cuando recordamos que, con la excepción de Lucas, todos esos escritores eran judíos, sólidamente monoteístas y no estaban predispuestos a aplicar los títulos divinos descuidadamente. Debemos comprender, por lo tanto, que su testimonio de la divinidad de Jesús surgía de convicciones muy profundas, inspiradas por el Espíritu Santo.

¿De qué forma los siguientes pasajes apoyan la divinidad de Jesús?
Mat. 3:3 _____________________________________________________
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Juan 1:1 _____________________________________________________
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Juan 1:18 ____________________________________________________
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Juan 20:28 ___________________________________________________
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Mateo 3:3 vuelve atrás, a Isaías 40:3, donde Isaías usa la palabra “Jehová”, el nombre más sagrado para Dios en el Antiguo Testamento. La construcción del pasaje de Juan 1:1, en el idioma original, no deja dudas acerca de lo que Juan estaba diciendo. Unos 65 años después de su muerte, Jesús es llamado expresamente Dios por uno que había estado asociado íntimamente con él. Con respecto a Juan 1:18, la expresión griega usada en el pasaje llama a Jesús, “el Dios singular”.

¿Qué diremos de Juan 20:28? ¿Fue esta una sencilla exclamación, una expresión de sorpresa de parte de Tomás, de la misma forma en que la gente hoy usaría el nombre de Dios para expresar asombro o choque? Llegar a esa conclusión sería leer una práctica moderna en el antiguo Nuevo Testamento. En primer lugar, los judíos, cuidadosos como eran de estar lejos de las blasfemias, no tenían una expresión tal en su vocabulario. Además, la misma construcción del pasaje actúa en contra de tal interpretación. El pasaje dice: “Tomás respondió y le dijo”. Tomás, en otras palabras, se estaba dirigiendo a Jesús; era una expresión de fe, no una exclamación de sorpresa. Y, el hecho de que Jesús no lo reprendió muestra que él estaba satisfecho con la confesión de Tomás.

Jesús, como Dios, es el mismo Jesús que se ofreció a sí mismo como sacrificio por nuestros pecados. Cuánto más debería significar la Cruz para nosotros, sabiendo que era Dios –¡Dios!– el que estaba colgando allí por nuestros pecados.

Jueves 10 de abril: Y HAY MÁS TODAVAVÍA

El Nuevo Testamento está lleno de evidencias en favor de la divinidad de Jesús, pero el espacio impide que hagamos una elaboración más detallada. Podríamos haber tratado, por ejemplo, con los atributos tales como eternidad y actividad creadora aplicados a Jesús; su pretensión de perdonar pecados; su afirmación de ser el juez final del día último. Además, encontramos el nombre de Jesús asociado con el del Padre en un pie de igualdad, como en la fórmula bautismal (Mat. 28:19). También, en Juan 14:9, Jesús usa palabras que constituirían una blasfemia obvia en labios de cualquier otro ser humano: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Considera los siguientes pasajes. ¿Qué enseñan acerca de la divinidad de Cristo?
1 Cor. 1:3____________________________________________________
2 Cor. 13:14 _________________________________________________
Apoc. 20:6 ___________________________________________________
Apoc. 22:3 ___________________________________________________

Los pasajes citados ponen a Cristo en un pie de igualdad con aquel a quien hemos llegado a llamar “Dios el Padre”. Y todo esto condice con las declaraciones de Jesús mismo cuando caminaba por los polvorientos caminos de Palestina. En Juan 10:30, por ejemplo, él afirmó: “Yo y el Padre uno somos”. La forma neutra del griego usado aquí para “uno” implica una unión tan íntima como nuestras mentes puedan concebir. Jesús y el Padre son de una misma sustancia, una misma naturaleza, no obstante, no son una y la misma persona (en cuyo caso habría usado el género masculino). Si tienes dificultad en penetrar las profundidades de todo esto, tienes muchos que te acompañan. Cuanto más profundamente estudias el tema, tanto más agudamente comprendes la profundidad de tu ignorancia.

Pero, imagínate una situación en la que el ser que hemos llegado a conocer como Dios el Padre viniera a morir por nosotros, y el que hemos venido a conocer como Jesús se hubiese quedado en el cielo (estamos hablando en términos humanos, para afirmar el punto). Nada habría cambiado, excepto que estaríamos llamándolos con el nombre que ahora usamos para la otra persona de la Deidad. Eso es lo que significa la igualdad en la Deidad.

Repasa la vida de Jesús, recordando los puntos que hemos tocado esta semana. ¿Qué nos dice todo esto acerca del carácter de Dios? ¿Por qué nosotros, sabiendo lo que sabemos acerca de Dios, deberíamos estar llenos de esperanza, gozo y confianza, aun en circunstancias difíciles?

Viernes 11 de abril

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Ver, en el Deseado de todas las gentes, el capítulo “Dios con nosotros”, pp. 11-18.

Es instructivo ver cuán hábilmente Mateo y Lucas se ocupan de la genealogía de Jesús (Mat. 1:16, 18; Luc. 3:23; comparar con 1:26-35). Estos escritores bíblicos no podrían haber sido más cuidadosos en este punto. Lo que encontramos es una ausencia completa de cualquier confusión en este punto fundamental, mientras el Evangelio de Juan provee, tal vez, la afirmación más sólida de la divinidad de Jesús que cualquier otra en las Escrituras (Juan 1:1-3, 14). Muestra cuán crítico es el concepto del nacimiento virginal para todo el esquema de la salvación. El nacimiento virginal, sobre el que está basada la afirmación de la preexistencia y la divinidad de Cristo, descansa sobre roca sólida en los evangelios.

“Otro error peligroso es la doctrina que niega la divinidad de Cristo y asevera que él no existió antes de su venida a este mundo. Esta teoría encuentra aceptación entre muchos que profesan creer en la Biblia; y, sin embargo, contradice las declaraciones más positivas de nuestro Salvador con respecto a sus relaciones con el Padre, a su divino carácter y a su preexistencia. Esta teoría no puede ser sostenida sino violentando el sentido de las Sagradas Escrituras del modo más incalificable. No solo rebaja nuestro concepto de la obra de redención, sino también socava la fe en la Biblia como revelación de Dios. A la par que esto hace tanto más peligrosa dicha teoría, la hace también más difícil de combatir. Si los hombres rechazan el testimonio que dan las Escrituras inspiradas acerca de la divinidad de Cristo, inútil es querer argumentar con ellos al respecto, pues ningún argumento, por convincente que fuese, podría hacer mella en ellos [...]. Ninguna persona que haya aceptado este error puede tener justo concepto del carácter o de la misión de Cristo, ni del gran plan de Dios para la redención del hombre” (CS 578, 579).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Considera la cita de Elena de White que antecede. ¿Por qué es tan importante que aceptemos la doctrina de la divinidad de Cristo y la igualdad con el Padre? ¿Qué pierde el plan de salvación si abandonáramos esta enseñanza?

2. ¿Cuán importante es el incidente de Mateo 9:1 al 8? ¿Cuán intencional fue Jesús acerca de culminar el problema acerca de su divinidad? ¿Qué lecciones él estaba tratando de enseñar? ¿Qué conexión estaba haciendo entre nuestra enfermedad física y la espiritual?

3. Medita en las implicaciones de la divinidad de Cristo, a la luz de la Cruz. Prepárate para llevar tus pensamientos sobre este tema a la clase el sábado.